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Algo que me sigue llamando profundamente la atención es el alarmante número de personas con formación clínica que abordan la obesidad desde el prejuicio y lo sesgos y no desde la empatía. El tema de la obesidad es especialmente paradigmático. Se caricaturiza a las personas con obesidad, se ridiculizan sus preocupaciones e ideas (consideradas ridículas o meras excusas) y se trivializan sus experiencias. Una y otra vez escucho discursos simplistas basados en la fuerza de voluntad (o que al final apuntan a la misma), ignorando deliberadamente la enorme complejidad biológica, psicológica y socioeconómica implicada en el desarrollo y mantenimiento de la obesidad.

Y así no ayudamos absolutamente a nadie.

Precisamente la gordofobia es eso: considerar menos a las personas con obesidad. Hay gente con obesidad que puede hablar de metabolismo lento, hormonas, genética y otras formas de intentar explicar lo que les sucede. Aunque en muchas ocasiones estén mirando en aspectos que son incompletos o equivocados, y se agarren a ello, eso no es motivo para la burla o el menosprecio. Todo lo contrario: debería ser una oportunidad para escuchar, comprender y acompañar. Porque detrás de muchas de esas explicaciones hay algo mucho más importante que una interpretación fisiológica exacta: hay sufrimiento, frustración y años de estigmatización.

Cuando un paciente siente que tiene que defender su dignidad antes que explicar sus síntomas, el problema no es solo la obesidad. También es el entorno sanitario y social.

P.D. No pocos sanitarios ocultan sus prejuicios a través de la idea de preocupación por la salud.